NOVAS XANEIRO-FEBREIRO 2007 PDF Imprimir E-mail
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Sábado, 21 de Abril de 2007 19:51
El debate sobre la locura inmobiliaria ha estallado, y ya no se frenará Ramón Fernández Durán. Kaosenlared, 2 de xaneiro de 2007 Hace un año aproximadamente la fiebre urbanística y el desmadre de cementación del territorio estaban en su máximo apogeo, pero apenas había debate político y social al respecto. Hace un año aproximadamente la fiebre urbanística y el desmadre de cementación del territorio estaban en su máximo apogeo, pero apenas había debate político y social al respecto. Después de cinco años de verdadero desquicie inmobiliario, el llamado quinquenio de la euforia[2], se habían ido desarrollando distintos procesos locales de resistencia al Tsunami urbanizador español, principalmente las denominadas plataformas por la defensa del territorio, pero su incidencia en la esfera y el debate público se circunscribía, en todo caso, al ámbito local. Parecía imposible romper la “espiral del silencio” con que los grandes medios protegían los fortísimos intereses económicos y financieros que impulsan y se benefician del Tsunami. Puedes visitar su blog “La otra economía” en la página de elotrodiario.com La sociedad española asistía complaciente a un fenómeno que beneficia a una parte sustancial del cuerpo social, en torno a un 20-30%, los sectores propietarios de más de una vivienda, que veían revalorizarse sus patrimonios, y a los capitales internacionales, mientras que está significando un verdadero terremoto social en la estructura de rentas para el resto, pues más de un 40% de la población española está fuertemente endeudada con hipotecas. Y más de un 30% de ella ni siquiera tiene capacidad para endeudarse con el fin de acceder a una vivienda, al tiempo que el mercado de alquiler se ha convertido en una salida minoritaria, tan solo posible para los sectores de mayor poder adquisitivo. La población más joven, o emigrante, con trabajos crecientemente precarios, va quedando cada vez más al margen del mercado, o de poder satisfacer de una manera mínimamente digna sus necesidades habitacionales. Cada vez pues más viviendas, y cada vez peor alojados, teniendo que destinar una cada día mayor cantidad de las rentas salariales a la vivienda. España se ha convertido en la cumbre de la burbuja inmobiliaria mundial, durante el periodo 1998-2005, según la OCDE, y en el país de la UE con más viviendas por mil habitantes, con más viviendas vacías (más de tres millones), y con más viviendas secundarias (una cifra aún mayor). La construcción de segundas residencias está orientada en una importante medida a la demanda externa de alto poder adquisitivo de los países ricos, principalmente comunitarios. Tanto de los que deciden retirarse a Españaa pasar los últimos años de su vida, más de un millón ya (la “Florida europea”), como a los que vienen a comprarse su segunda, tercera o cuarta residencia, especialmente en los lugares más privilegiados y cálidos de la geografía española. Y a ello se ha sumado una demanda adicional de fondos de inversión, de pensiones e inmobiliarios, y un más que abundante dinero negro nacional e internacional, ante las perspectivas de revalorización y las posibilidades de lavado en el sector inmobiliario, todo ello incentivado por la ley urbanística de 1998 del PP, la ley del “todo urbanizable”. Una entrada pues en tromba del capital nacional y especialmente extranjero (lícito o criminal), que acudía al sector urbanístico español ante la fuerte subida de los precios de los productos inmobiliarios, de primera y segunda residencia. Y en el caso de esta última se ha producido un verdadero estallido de nuevas macrourbanizaciones de muy baja densidad, con campo de golf aparejados, que han servido para revalorizar la vivienda vacacional como producto de inversión. Se vayan o no a utilizar las viviendas, y se vaya o no a jugar al golf. Más de quinientos campos de golfo inundan ya nuestro territorio, y otro número similar se apresta para hacerlo en breve (aunque no parece que lo vayan a lograr los que los promueven, como veremos). El enorme impacto territorial y ambiental de toda esta sin razón es fácil de adivinar, máxime porque la explosión inmobiliario-constructora ha tenido lugar especialmente en aquella parte del territorio español con más escasez en recursos hídricos: archipiélagos, arco mediterráneo, y mitad Sur de la Península Ibérica. Pero la maquina inmobiliaria-constructora (y destructora) no sólo se ha desarrollado en esos espacios “privilegiados”, sino que ha alcanzado a todo el sistema de ciudades español, en especial a las grandes metrópolis, y muy en concreto a Madrid (la región metropolitana europea que más ha crecido en los últimos años), y también a gran parte de los pequeños núcleos a través del turismo rural, así como a la cornisa cantábrica y a la fachada atlántica gallega, e igualmente se ha proyectado hacia numerosos enclaves de montaña de gran valor paisajístico, turístico y deportivo (áreas de ski). El cemento para nada tiene mal de altura. Lo cual ha quedado también claro por la irrupción de megaconstrucciones de oficinas en las principales metrópolis, que se alzan desafiantes hacia el cielo, rompiendo con los anteriores sky lines mas “mesurados”. Todo ello se ha visto incentivado por una abundantísima construcción de infraestructura de transporte (autopistas, aves, metros subterráneos y en superficie, ampliación y construcción de nuevos aeropuertos, creación de superpuertos y de un sinnúmero de puertos deportivos, etc.), así como por la proliferación de áreas logísticas en los espacios urbano-metropolitanos. Y estas infraestructuras han posibilitado un nueva expansión, sin precedentes, de la lengua de lava urbano-metropolitana, que está arrasando con nuestro paisaje natural y cultural de siglos, así como con terrenos de importante valor agrícola. Un crecimiento en mancha de aceite, y ahora también a saltos, en forma de piel de leopardo, con predominio del chalet adosado y viviendas unifamiliares, sazonado también por una proliferación de centros comerciales por doquier. Un modelo irracional basado en la construcción y el consumo, de gran impacto ecológico, pero que por el momento genera empleo y doblega conciencias. España estaba siendo engullida por el cemento, pero parecía que nadie se enteraba, o que mucha gente asentía, y que nadie decía nada. Las voluntades políticas locales y regionales estaban siendo compradas por el enorme poder corruptor del dinero, mientras que toda España se estaba convirtiendo en una inmensa Marbella, y la cultura de la especulación penetraba en gran parte del cuerpo social. Eso era así hasta hace un año, aproximadamente. Pero de repente todo ha estallado. ¿Cómo ha ocurrido y qué pasará? Ya a lo largo del año pasado, se empezó a articular de una manera efectiva una considerable protesta social ciudadana, de un contenido muy plural, en muchas zonas del territorio (principalmente en el País Valenciano, Murcia, muchas zonas de Andalucía, y en numerosos enclaves de los archipiélagos). Bajo el lema del “No se vende” la protesta social intentaba la defensa del territorio, ante el avance imparable del Tsunami. Pero a pesar de todo su eficacia parecía limitada, si bien este movimiento estaba sentando las bases para una resistencia más efectiva posterior, a través de una mayor repercusión social. Y quizás uno de los puntos de inflexión del estallido del debate público en torno a este tema fuera la irrupción en escena de la Operación Malaya. Un juez sensible se atrevía a poner entre rejas a toda una corporación municipal, la de Marbella, destapando una corrupción urbanística política y un enriquecimiento privado sin parangón, y el Estado se veía obligado a intervenir disolviendo el gobierno del ayuntamiento. El escándalo explota, ocupando primeras páginas en los periódicos, y el debate llega (distorsionado, por supuesto) hasta a los programas del corazón de las cadenas de televisión. En paralelo también se empiezan a organizar de forma muy espontánea movilizaciones de sectores juveniles por una vivienda digna en las principales metrópolis, que llegan a adquirir también una gran visibilidad mediática. Mientras tanto las condiciones de contorno que habían posibilitado la irrupción del Tsunami urbanizador empiezan a cambiar: paulatina subida de los tipos de interés, fuerte alza del precio del petróleo, y cierta ralentización de la entrada de capitales foráneos, al tiempo que el encarecimiento de las hipotecas empieza a hacer que aflore el enorme malestar social acumulado, hasta entonces invisible e inaudible. Y ante el clamor social en aumento, desde el gobierno se empieza a modificar también, dentro de un orden, el marco legal e institucional que había sido una de las causas principales de todo este dislate. A partir de ese momento, vamos a asistir a un rosario de estallidos de escándalos urbanísticos, una verdadera mascletá que atraviesa toda la geografía española de Norte a Sur, y de Este a Oeste, incluyendo por supuesto los archipiélagos. No hay día que no nos desayunemos, en este último periodo, con un nuevo escándalo político y el pelotazo especulativo subsiguiente. Y también tiene lugar una explosión paralela del debate político-social en torno a esta locura urbanística que parecía que había atontado y amordazado a la población en su conjunto. Ambos procesos se realimentan mutuamente, alentando la movilización ciudadana. Y todo ello se ve incentivado también por un rifirrafe político en que los principales partidos utilizan, o se ven obligados a usar, como arma arrojadiza, los escándalos urbanísticos entrando en una dinámica del “y tú más”. Lo cual ceba aún más la proyección mediática y social de los escándalos, y hace que el debate ciudadano en torno a esta cuestión pase al primerísimo plano de la actualidad política, a pesar de todo el ruido de fondo del debate “antiterrorista” en torno al llamado proceso de paz del país vasco propiciado por el PP. Y es de suponer que de aquí a las elecciones municipales de mayo del año que viene el debate político-social en torno a esta cuestión no haga sino acentuarse. Ante este estado de cosas la Federación Española de Municipios se ha visto obligada a saltar a la arena pública para decir que no todos los ayuntamientos están salpicados por la corrupción urbanística. En los próximos meses esta dinámica es seguro que se profundice además porque el marco que propició todo este desmadre va a seguir cambiando aún más: por las subidas de tipos de interés previstas en el próximo horizonte, por el probable encarecimiento de los precios del petróleo (entrada en el escenario del “pico del petróleo”, y todo lo que ello supone[3]), lo que puede endurecer adicionalmente la política monetaria, por el estallido de la burbuja inmobiliaria mundial que todo ello comportará (ya ha empezado en EEUU, lo que tendrá consecuencias globales) y porque el capital foráneo parece que se está retirando ya claramente de los destinos urbanísticos en el territorio español. Una razón es porque la evolución de los precios, y de las revalorizaciones por consiguiente, había empezado ya a flexionar en su subida claramente en el último año. Pero otra importante razón también es que el capital es muy temeroso ante el creciente clima de movilización social, presión mediática, e intervensionismo institucional consiguiente. La época de que lo imposible era posible, es decir la transformación urbanística de cualquier espacio a cualquier precio, parece que ha tocado a su fin. Y ya se resienten claramente los principales artífices de la cultura del pelotazo. El “pocero” incentiva a los trabajadores de su macrourbanización a manifestarse ante el alcalde de Seseña, para la levantar la paralización de la actuación, y se querella contra él por el quebranto económico que está sufriendo. Se ha frenado en seco la venta de pisos en su nueva “ciudad”, y no sabe cómo va a hacer frente a la montaña de créditos que ha contraído. Los promotores protestan porque al tirar de la manta de los escándalos se puede ir al garete el negocio inmobiliario. En mi opinión la burbuja inmobiliaria ha empezado ha estallar, aunque por el momento tan solo estemos en una importante inflexión del Tsunami. Ante todo este panorama, la movilización ciudadana se organiza y promete ir in crescendo en los próximos meses. Es más, se está promoviendo una confluencia de las movilizaciones por la defensa del territorio con las manifestaciones por una vivienda digna, y ambas pretenden converger en Madrid, después de un proceso de movilización y concienciación social local y regional, para principios de mayo del año que viene, poco antes de la cita electoral, para obligar al poder político a dar una respuesta ante este estado de cosas, pero sin esperar gran cosa de él. Es más toda esta marea será un elemento más en la deslegitimación adicional del mismo, que lleva años produciéndose. En definitiva, solo desde la movilización y concienciación ciudadana será posible frenar este estado de cosas, y solo así también se podrá reorientar, a través de complejos procesos moleculares desde abajo, el desastre territorial que nos ha legado estos últimos años de tsunami urbanizador. Este libro al que este texto sirve como prólogo es una muy buena muestra de la diversidad de dinámicas de resistencia ciudadana a todo este desastre, que es preciso que frenemos entre todos cuanto antes, para poder enderezar nuestro futuro. * Ramón Fernández Durán es miembro de Ecologistas en Acción PD: El 23 de diciembre han salido a la calle, en más de veinte ciudades del Estado, miles de personas denunciando la creciente precarización de la vida y el derecho a una vivienda digna, lo que ha tenido una considerable repercusión política y social. Como se ha apuntado en el texto, es de prever que la movilización social continúe en aumento de aquí al mes de mayo. [1] Este texto saldrá publicado como prólogo del libro: “Paisajes amenazados de la provincia de Málaga”, impulsado por la coordinadora “Málaga no se vende”. [2] Las causas y consecuencias de la explosión inmobiliaria las he intentado analizar de forma más detallada en un texto recientemente publicado: “El tsunami urbanizador español y mundial” (Virus, 2006) [3] Ver mi artículo “El inicio del fin de la era de los combustibles fósiles” (www.nodo50.org) El precio medio de la vivienda subió un 9,8% en 2006 Agencias, 3 de xaneiro de 2007 Durante los últimos 21 años el aumento anual ha sido del 10,7 por ciento El precio medio de la vivienda nueva en el Estado creció un 9,8 por ciento en el recientemente cerrado año 2006, según un estudio distribuido el martes por la Sociedad de Tasación. Pese a que el incremento del precio de la vivienda se sitúa holgadamente por encima de la inflación doméstica, se observa una cierta desaceleración desde 2003, cuando el precio experimentó un crecimiento cercano al 16 por ciento. Provisionalmente, el IPC armonizado se mantuvo en el Estado español en el mes de diciembre en el 2,7 por ciento interanual. En 2004, el precio de la vivienda subió un 12,5 por ciento y en 2005 repuntó un 10,1 por ciento. La empresa tasadora, que durante el año 2006 ha valorado más de 275.000 inmuebles, estima que el proceso desaceleración continuará este año. "El precio de la vivienda nueva continuará subiendo en 2007, pero con una tendencia inferior a la experimentada en 2006", dijo la Sociedad de Tasación. Según el informe, el precio de la vivienda tendrá previsiblemente subidas más moderadas en aquellos municipios que dispongan de mayor oferta de terrenos edificables. Por su parte, el precio de la vivienda nueva de tipo medio en las capitales de provincia se situó a finales de diciembre de 2006 en 2.763 euros/m2 construido, 276.300 euros para una vivienda de tipo medio de 100m2. Durante 2006 el precio medio de la vivienda nueva aumentó en todas las capitales de provincia. En seis capitales los precios medios han aumentado por encima del 15 por ciento respecto de 2005. En 13 capitales los precios han aumentado entre el 10 por ciento y el 15 por ciento y las 31 capitales restantes han aumentado sus precios medios por debajo del 10 por ciento. El incremento anual medio de los precios de la vivienda nueva durante los 21 últimos años (diciembre de 1985 a diciembre de 2006) fue del 10,7 por ciento anual acumulativo, en euros nominales. Más viviendas iniciadas La Sociedad de Tasación considera que para todo el año, el número de viviendas iniciadas se situará por encima de las 800.000, cantidad que define como "muy importante" y superior a la alcanzada en el año 2005. Las ciudades con precios unitarios más altos fueron Barcelona con 4.192 euros/m2, Madrid con (3.870 euros/m2 y San Sebastián con 3.807 euros/m2. Las más baratas se localizaron en Lugo, Badajoz y Pontevedra con precios unitarios medios inferiores a 1.500 euros/m2. Francia impulsa una ley que permitirá exigir una vivienda al Estado EFE/El Periódico, 4 de xaneiro de 2007 El Gobierno francés adoptará el próximo día 17 un proyecto de ley que establece el derecho a reclamar una vivienda al Estado ante los tribunales. De esta manera, el Parlamento podrá aprobarlo antes de que termine esta Legislatura, si bien no estará plenamente en vigor hasta el 2012. Así, en una rueda de prensa lo ha anunciado el primer ministro francés, Dominique de Villepin, tras recibir un informe oficial al respecto que encargó hace seis meses. La ley, que pone el derecho a la vivienda al mismo nivel que a la educación o la sanidad, "hará de Francia uno de los países más avanzados en derechos sociales", ha subrayado el primer ministro. Precampaña electoral Con los comicios presidenciales (abril-mayo) y los legislativos (junio) en puertas, el debate sobre la crisis de la vivienda ha entrado de lleno en la precampaña electoral francesa, con la instalación de campamentos improvisados en las grandes ciudades y la ocupación de edificios por asociaciones de defensa de los indigentes. Una vez adoptada antes del 22 de febrero próximo --cuando el Parlamento concluye los trabajos de la actual Legislatura--, la nueva ley podrá ser aplicada desde finales del 2008 para los casos más urgentes, como los Sin Domicilio Fijo (SDF), los trabajadores pobres y las mujeres solas con niños, tal y como ha explicado Villepin. Aplicación total en el 2012 Sin embargo, no será hasta el 1 de enero del 2012 --se calcula que entonces se habrán construido todas las viviendas sociales necesarias--, cuando la futura norma será aplicada en su totalidad y se podrá garantizar que no haya "familias alojadas en sitios indignos o insalubres", ha mantenido. Según el borrador del proyecto de ley, el Estado será el garante jurídico del derecho de toda persona a una vivienda, aunque se prevé delegar competencias a algunas colectividades locales. De esta forma, según el primer ministro, se pretende evitar "que pese sobre las colectividades una carga nueva". Gestión de los recursos Para garantizar el objetivo de que en cinco años no haya más personas "sin techo" en el país, "una situación inaceptable", para Villepin, además de construir viviendas hay que cumplir dos principios, el primero de ellos que haya una buena gestión de los recursos, pues "Francia es el país que gasta más en el mundo" en ese colectivo. El segundo principio es que los beneficiarios de viviendas sociales respeten "el equilibro en derechos y deberes", ha añadido Villepin, quien ha subrayado la necesidad de "acabar con los abusos". Villepin ha destacado la necesidad de mantener una política global contra la pobreza extrema y favorecer la incorporación al trabajo de todos los parados. El Quijote cabalga por Francia Alberto Montero Soler. Rebelión, 6 de xaneiro de 2007 El derecho a una vivienda digna El problema de la vivienda, que también ha alcanzado ya a nuestros vecinos galos, ha sido afrontado por el gobierno de ese país de una forma drástica y ejemplar: ha decidido promulgar una ley que transformará en efectivo y exigible ante la jurisdicción competente el derecho constitucional de todo ciudadano a una vivienda digna. Ahí es nada. Francia ha decidido, así, dar un salto adelante en el reconocimiento de los derechos sociales de sus ciudadanos y dar contenido efectivo a uno de los artículos que, si bien suele estar presente en la mayor parte de las constituciones contemporáneas, lo está casi a título de inventario pues no se le reconoce naturaleza de prestación, como en el caso de la sanidad o la educación, sino de mera directriz para los poderes públicos. La movilización social promovida por un colectivo de personas sin hogar, agrupadas en un movimiento denominado Hijos de Don Quijote, ha conseguido que el gobierno francés asuma su responsabilidad en el problema de la vivienda en Francia, pues no de otra cosa se trata, y promueva la aprobación de esta ley que entrará en vigor antes del próximo 22 de febrero, fecha en la que el Parlamento concluye los trabajos de la actual Legislatura. A partir de entonces será de aplicación inmediata para aquellos casos más urgentes: las personas sin hogar, los trabajadores pobres y las mujeres solas con niños. Y no será hasta finales de 2012, margen temporal que se da así mismo el ejecutivo francés para la construcción del suficiente número de viviendas sociales (unas 600.000 según estiman las autoridades galas), cuando el derecho será plenamente exigible por todos los ciudadanos. Todo ello para enfrentar un problema que en Francia afecta a entre 80.000 y 100.000 personas que duermen en la calle, a casi un millón que no tienen residencia fija y a más de tres millones que viven en condiciones insalubres e indignas. Si a eso se le une que, precisamente, entre septiembre de 2005 y septiembre de 2006 se han construido en Francia cerca de medio millón de viviendas, la cifra más elevada en los últimos 20 años, el caldo de cultivo se encontraba en estado óptimo para que en ese país, de fuerte tradición reivindicativa, se articulara un movimiento social que exigiera soluciones definitivas ante un problema tan grave. La encomiable respuesta del ejecutivo francés, si bien probablemente derivada de la confluencia de elecciones presidenciales y legislativas en este año, no debe ser menospreciada y, en mi opinión, debe ser calificada como valiente. El tránsito de una política pública de la vivienda en la que la inacción por parte de las autoridades y la disminución de los recursos presupuestarios destinados a la construcción de viviendas sociales han constituido la tónica generalizada en los últimos años, a otra política en la que la disposición de una vivienda social ya no depende del resultado de un sorteo sino que constituye un derecho exigible por los ciudadanos es un avance importante. Pero, además, esta medida sienta un precedente que difícilmente puede ser ignorado en otros países, como España, en donde el problema de la vivienda acabará convertido en un problema político de primera magnitud –más allá de los personales y económicos- a poco que exista una mayor organización de los colectivos que están reclamando, como en Francia, el derecho a una vivienda digna. Basta con señalar que, a pesar de que el número de viviendas construidas anualmente en régimen libre se ha más que duplicado entre 1996 y 2005, sin embargo, el número de las construidas en régimen de protección pública ha seguido una tendencia descendente a lo largo de las dos últimas décadas. Y, así, si en 1980 se construyeron en España en torno a 120 mil viviendas de protección oficial, en 1996 esa cifra se había reducido a cerca de 80 mil y en 2005 se construyeron pocas más de 60 mil. Y ello en un contexto, sobre todo durante los últimos años, en los que el precio de la vivienda se ha disparado y en el que el número de viviendas vacías y secundarias llega casi a los seis millones y medio según el último censo de población y viviendas del año 2001 (actualmente deben ser muchas más). Y donde, además, existen más de 30 mil personas sin hogar que duermen cada noche en las calles. Si ante la gravedad de la situación de la vivienda en España, la ciudadanía no toma nota del caso francés y decide tomar las calles para reclamar que, por fin, el artículo 47 de la Constitución deje de ser papel mojado y se convierta efectivamente en un derecho es que mereceremos todo lo que nos pasa. Alberto Montero Soler ( Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla ) es profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga y colaborador habitual de Rebelión.
Última actualización el Sábado, 26 de Mayo de 2007 23:40